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quinta-feira, 10 de fevereiro de 2022

A flor da pele

 


Teu corpo está ao meu lado
fácil, doce, calado.
Tua cabeça no meu peito se arrepende
com os olhos fechados
e eu te olho e fumo
e acaricio os teus cabelos, enamorado.

Esta ternura mortal com que me calo
te abraça, embora eu tenha
imóveis os meus braços.
Miro meu corpo, o músculo
em que repousa o teu cansaço,
teu branco seio macio e apertado
e o leve e macio respirar do teu ventre
sem meus lábios.

Te digo à meia voz
coisas que invento a cada instante
e fico deveras triste e só
e te beijo como se fosse o seu retrato.
Tu, sem falar, me olhas
e te abraças a mim até chorar
Sem lágrimas, sem olhos, sem espanto.
E eu volto a fumar, enquanto as coisas
se põem a escutar o que falamos.

Jaimes Sabines


sábado, 11 de abril de 2020

Não é que morra de amor, morro de ti

 

 ~ excerto ~

Morro de ti , amor, de amor de ti,
da urgência da minha pele de ti,
da minha alma de ti e da minha boca,
E do insuportável que sou sem ti.

Morro de ti e morro de mim, morro de ambos,
de nós, desse,
desgarrado, partido,
me morro, te morro, nos morremos.

 Morremos no meu quarto em que estou só,
na minha cama em que faltas,
na rua onde o meu braço vai vazio,
no cinema e nos parques, nos eléctricos,
nos lugares onde o meu ombro serve de almofada à tua cabeça
e a minha mão a tua mão
e tudo isso te sei como eu mesmo.

...

Nos morremos amor, morro em teu ventre
que não mordo nem beijo,
nas tuas coxas dulcíssimas e vivas
na tua carne sem fim, morro de máscaras
de triângulos obscuros e incessantes.

...

Jaime Sabines



 

domingo, 4 de julho de 2010

Te quiero

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Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce
del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando
me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en
el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a
odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás
hecha para mi, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre,
que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en
donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú
vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un
instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que
tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días
también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena
como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo,
me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante
mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor
mío?

Jaime Sabines

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quinta-feira, 5 de novembro de 2009

Tu nombre

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Trato de escribir en la oscuridad tu nombre.
Trato de escribir que te amo.
Trato de decir a oscuras esto.
No quiero que nadie se
entere, que nadie me mire
a las tres de la mañana paseando
de un lado a otro de la estancia,
loco, lleno de ti, enamorado.
Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote.
Digo tu nombre con todo el silencio
de la noche, lo grita mi corazón amordazado.
Repito tu nombre, vuelvo a decirlo,
lo digo incansablemente,
y estoy seguro que habrá de amanecer.
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Jaime Sabines
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segunda-feira, 24 de agosto de 2009

Los amorosos

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Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
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Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.
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Jaime Sabines

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